Quieren impunidad, no la tendrán
•Artículo de Ignacio Fernández Toxo, secretario
general de CCOO
El 14 de noviembre, el mundo del trabajo
y la ciudadanía están llamados a participar en una huelga general convocada por
los sindicatos y respaldada por las cerca de 200 organizaciones que integran la
Cumbre Social. Una huelga para decir basta al interminable capítulo de recortes
y eliminación de derechos sociales y laborales que afectan a trabajadores,
personas en paro y pensionistas, a la mayoría de los ciudadanos.
"Creemos que la huelga general está plenamente
justificada. Una huelga que no debe ser únicamente un conflicto laboral"
¿Cuántos
millones de parados necesita este gobierno,
cuánto debe deteriorarse la educación y la asistencia sanitaria, cuánto debe
reducirse el salario de trabajadores/as y empleados públicos, cuánta capacidad
de negociación deben perder los sindicatos en el convenio y cuánta ganar los
empresarios, cuántas personas dependientes deben ser olvidadas, cuánto se
debe reducir la inversión en I+D+i, cuántos millones de euros más habrá que
inyectar al sistema financiero y cuantos detraer del gasto social, cuántas
amnistías fiscales a los defraudadores serán necesarias, cuántas subidas de
impuestos que perjudican a las rentas más bajas faltan por hacer, cuántos
derechos civiles y democráticos habrá que eliminar, cuántos conflictos sociales
y/o laborales deberán pasar a ser tratados como conflictos de orden
público, dónde
esta el límite para la aniquilación del Estado de bienestar?
El Gobierno pide a la ciudadanía, a los sindicatos, impunidad para llevar a
cabo este injusto programa de recortes. No la tendrá. Desde que llegó al
Gobierno el PP no ha dejado de vapulear su programa electoral, cometiendo un
gigantesco fraude democrático al concurrir a las elecciones con un programa y
gobernar con otro. En democracia las urnas sancionan programas electorales y
ofrecen legitimidad a las fuerzas políticas para gobernar. Pero si una vez en
el gobierno, se rompe el contrato alcanzado con el electorado, la legitimidad
solo se puede recuperar sometiendo el nuevo programa a la opinión de la
ciudadanía en un referéndum. Eso también le hemos pedido el movimiento sindical
y la Cumbre Social.
Es verdad que no son pocas las voces que justifican los recortes y la política
de austeridad en las imposiciones de Bruselas y más exactamente, en la hoja de
ruta impuesta por Berlín y la canciller Merkel. Han sido los sindicatos
europeos los primeros en calificar de suicida esa política, porque nos
mete de lleno en la recesión y condena a la inmensa mayoría de las sociedades
europeas a un progresivo empobrecimiento, que en algunos países del sur de
Europa se traduce en el incremento acelerado de la exclusión y la pobreza. Pero
no hay disculpa que valga. El Gobierno español es un firme defensor de las
políticas de austeridad y recortes. Lo ha dicho en Bruselas y lo ha hecho en
España. Incluso cuando gozaba de una oportunidad, aun en un contexto de
contención del déficit público, con la elaboración de los PGE 2013, no ha dudado en recortar la inversión, sacrificar
los estímulos a la actividad económica y a la creación de empleo,
renunciar a una política fiscal que mejore los ingresos del Estado,
rebajar las prestaciones por desempleo, en volver a congelar el salario y
reducir el empleo de los trabajadores públicos, en importantes retrocesos en
protección social, dependencia, servicios sociales, ayuda a la cooperación al
desarrollo, al medio rural, al medio ambiente y en ratificar una política
impositiva ineficaz y poco equitativa.
Hace falta otra
política
Estamos cargados de razones para convocar una huelga general. En primer lugar
para exigir un cambio radical en la orientación de las políticas que se están
aplicando para enfrentar la crisis, tanto en Europa como en España. Hoy sabemos
que solo con austeridad no se sale de la crisis. Hoy sabemos que Grecia,
Portugal e Irlanda, países que han solicitado el rescate, están peor que antes
de hacerlo. Nadie puede negar que en dos años y medio las políticas de recortes
han provocado más injusticia social, más desigualdad, menos derechos y menos
democracia, y no se ven síntomas de recuperación económica por ningún
lado.
Con la huelga general reivindicamos
otra política que dé prioridad a la reactivación
económica y a la creación de empleo, con especial atención a los jóvenes a los
que se está condenando a la emigración o a la exclusión social, un verdadero
lastre para el futuro del país. Exigimos el restablecimiento de las políticas
sociales y del Estado de bienestar.
Reclamamos un cambio
en el patrón de crecimiento que apueste por
un desarrollo sostenible y pivote en un sector industrial dinámico y
competitivo, asentado en la inversión en I+D+i y en un sistema educativo que
garantice, al tiempo, calidad y equidad. Igualmente exigimos la reversibilidad
de la reforma laboral (no olvidar que en sede parlamentaria sigue viva la ILP
por un empleo con derechos), que se refuercen las prestaciones por
desempleo y se garantice la revalorización de las pensiones.
Pero además, creemos imprescindible promover la regeneración del sistema democrático, que en Europa pasa por refundar la UE a partir de la
construcción de un nuevo contrato social, que avance hacia una verdadera unión
fiscal, económica, política y sobre todo social. En España, la regeneración
democrática pasa por exigir al Gobierno que someta a consulta de la ciudadanía
las políticas que está aplicando y que no figuraban en su programa electoral.
Por todo ello, creemos que la huelga general está plenamente justificada. Una
huelga que no debe ser únicamente un conflicto laboral. Las consecuencias de
las políticas que se están llevando a cabo perjudican a toda la sociedad; solo
se salvan, o incluso medran con la crisis, las élites económico-financieras. La
huelga general es una tarea de toda la ciudadanía.

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